Repertorio y audiciones

Cómo preparar una canción para una audición de teatro musical

· 9 min de lectura

Te la sabes. Afinas. Llegas a la nota de arriba. Y aun así, cuando terminas, la sala se queda igual que estaba.

Pasa porque en la mayoría de nuestros mercados se asume —erróneamente— que preparar una canción es ir a clase de canto a cantarla bien. Preparar una canción para una audición es otra cosa. Hay secretos en la partitura, fraseos que respetar, un diálogo que tener con el pianista, un subtexto que entender de verdad y un estilo que depende de quién compuso la canción.

Aquí hablo de cómo trabajar la canción, no de cuál elegir. Si todavía no la tienes, empieza por qué canción cantar en un casting de teatro musical y vuelve.

Cantarla bien no es prepararla

Cada canción se escribió con una intención, y tu trabajo como intérprete es transmitirla con claridad y con fuerza. No se trata solo de cantar. Se trata de contar una historia.

Y eso se nota desde fuera. Los directores musicales y los compositores nos damos cuenta de si has estudiado con partitura o no. No te sé explicar del todo por qué, pero se ve: en una respiración, en una entrada, en una frase.

Por eso una canción no se prepara en una semana. Tres canciones bien trabajadas —entendidas, no memorizadas— son un reto de tres, cuatro o cinco meses. Es lo que cuento en qué es un Audition Book: empezar con tres y hacerlo a fondo.

Los tres contextos de una canción

Cuando estudias una canción de teatro musical existen tres contextos, y conviene tenerlos claros antes de cantar una sola nota:

  1. El contexto del musical. La composición, quién la compuso, el estilo, la época en que se hizo y por qué se hizo así.
  2. El contexto del personaje. Qué pasa antes de la canción, qué pasa después, qué le ocurre mientras la canta y qué decide.
  3. Tu contexto. Tu perfil —tu edad, tu raza, tu energía, tus habilidades— y tu capacidad técnica para hacer unas cosas u otras.

En el primero entra el estilo vocal —si la canción se canta en Contemporáneo Belt, Legit, Abierto o Pop/Rock—. Ojo, porque el estilo vocal construye el personaje, no el musical, y tampoco es una casilla para la canción entera. Bring Him Home, de Los Miserables, es Legit, y aun así hay un momento en que se abre. No es absoluto —puedes pasar de un estilo a otro—, pero antes tienes que saber dónde está la canción.

Y el tercero no es «qué parte de ti conecta con la canción». Es tu perfil. Tú no eres un vehículo neutro. Eres parte del contexto de la canción, y lo eres antes de abrir la boca.

Nosotros, quietos, con la cara en neutro, contamos una historia. Y eso los directores de casting lo ven.

De ahí sale una consecuencia incómoda. Lee la letra y el subtexto pensando en ti. Si el personaje vive un momento vital muy distinto del tuyo, el jurado percibe esa disonancia de inmediato. Y si te encanta una canción pero no le va a tu perfil, no la cantes.

Cómo interpretar la letra de una canción: el subtexto, sin parafrasear

El subtexto es lo que el personaje piensa por debajo de lo que dice. Y hay que analizarlo de manera correcta, no parafraseando. «La canción va de que está enamorada» no es un análisis. Es un resumen de la letra.

El error tiene su frase: «lo interpreto así porque he visto que la de Broadway lo hace así». Copias el gesto de la grabación en vez de leer el texto. Y el texto ya lo dice todo. Por algo existe la profesión de letrista — todos estos mensajes están en la música.

Un ejemplo que he contado en clase más de una vez: «Monster», de la versión teatral de Frozen. Si la cantas como «Elsa está triste», tienes una balada bonita y nada más. Leída de verdad, Elsa está en el peor momento de su vida, sola y sin salida, les pide una respuesta a sus padres y, al final, decide levantarse y luchar. Es otra canción. Con las mismas notas.

¿Cómo se llega a esa lectura? Con un personaje Disney, trasladándolo a la vida real. ¿Cómo crece una niña a la que, con ocho años, sus padres le dijeron que no sintiera, porque sus sentimientos solo traen cosas malas? Sus padres mueren, crece aislada, se siente culpable y sola. Lo que la mantiene en pie es su hermana y su responsabilidad con su pueblo. Cuando pierde las dos, canta «Monster».

Para empezar, escribe las respuestas del segundo contexto —qué pasa antes, qué pasa después, qué le ocurre mientras canta y qué decide— y después trasládalas a la vida real, como con Elsa. Si lo que escribes se parece a la letra con otras palabras, todavía estás parafraseando.

La partitura ya ha decidido mucho por ti

Quien compuso la canción hizo buena parte del trabajo dramático. Cada símbolo, cada signo, cada pausa significa algo más que lo que oyes. Una respiración escrita, un silencio, una frase que vuelve con otra armonía. Ahí está el personaje pensando.

Las decisiones aleatorias se notan, siempre. Respirar donde se te acaba el aire y no donde respira la frase. Un crescendo porque «aquí queda bonito». Si no puedes justificar por qué haces algo, todavía no lo has estudiado.

Y la canción no empieza en tu primera nota. En una masterclass en la que yo estaba al piano, un director se lo dijo a una alumna que entraba a piñón: la canción empieza cuando el pianista empieza. La introducción no son notas de espera. Ya es tuya, y el personaje tiene que estar ahí antes de cantar.

Hay cosas de la partitura que se pueden flexibilizar para mejorar tu propuesta. Pero para saber cuáles, primero hay que conocerla entera. Ahí es donde un repertorista marca la diferencia. Y aunque en tu casting no haya pianista, prepárala como si lo hubiera — es lo que en qué es un Audition Book llamo trabajar con la mentalidad del tercer nivel.

Cómo interpretar una canción con sentimiento (sin dar pena)

«¿Cómo le pongo sentimiento?» La trampa está en las canciones tristes.

La pena genera rechazo. Como espectadores no sentimos compasión por un personaje que solo se lamenta. Lo que nos conmueve es verle luchar contra su dolor, intentar ocultarlo o transformarlo en otra emoción. Pasa igual fuera del escenario: quien se autocompadece genera rechazo; quien lo está pasando mal y trata de seguir adelante es alguien a quien queremos apoyar.

Así que, si la canción es triste, no la interpretes desde la tristeza. Interprétala desde la ira, la frustración o la impotencia. ¿Ves la diferencia con Elsa? Es la misma idea.

Y cuidado con sacarlas de su musical. With You (Ghost) o Words Fail (Dear Evan Hansen) funcionan en escena porque el espectáculo ha preparado al público durante un buen rato para llegar a ese momento. En un casting, sin ese camino, transmiten lástima.

Riesgo artístico sí, riesgo técnico no

Nada de lo anterior funciona si toda tu atención se va a sobrevivir a la nota. En un casting nunca estás al 100 % — la acústica de la sala, los nervios, un pianista que no conoce la canción, cómo has dormido —. Por eso la regla que recomiendo es la del 80 %. Una canción que te exija como mucho el 80 % de tu capacidad real. En un casting, la seguridad se percibe como profesionalismo.

Eso no significa elegir lo cómodo. Arriesga en la propuesta, en los matices, en la construcción del personaje. No en el rango ni en la resistencia. Riesgo técnico, evitar. Riesgo artístico, buscar.

Ensáyala como la vas a cantar en el casting

Ensayar no es repetirla hasta que salga. Es ensayarla en las condiciones de la sala.

  • Con la partitura que vas a llevar. La que estudias y la que le das al pianista tienen que ser la misma. Y al casting solo se llevan partituras que has trabajado con un repertorista.
  • Con pianista, no solo con la pista. Con una base te acostumbras a sus pausas y a entrar «con la trompeta». En la partitura no hay trompeta. Pásala al menos una vez con alguien tocando.
  • Pensando en un pianista que no la conoce. No todos los pianistas pueden tocar todo el repertorio de teatro musical a primera vista. Si tu canción tiene cambios de tono o de tempo que no se intuyen, haz que le llegue la partitura con antelación. Y si aun así es un riesgo, guárdala para un self-tape y no la lleves a una primera ronda.
  • El corte y la canción entera. En España el corte ronda el minuto y medio; en Broadway y Londres se habla en compases. Trabaja el corte con su propia evolución de personaje —no tiene por qué ser la parte más fuerte, y puede empezar a mitad de canción— y ten siempre la canción completa preparada por si te la piden. Lo cuento en el corte de 16 o 32 compases para tu audición.
  • Que no gane la memoria muscular. Pasarla mucho sirve también para descubrir los manierismos que repites sin darte cuenta. Un gesto funciona cuando lo hace el personaje por necesidad, no el cuerpo por costumbre.
  • Con una propuesta clara, no con un número cerrado. Te pueden pedir que la repitas o que la cantes de otra manera. Si tienes claros los tres contextos y el subtexto, cambiar una decisión es fácil. Si solo tenías una forma de cantarla, no hay de dónde tirar.

Lo que delata una canción mal preparada

  • Copiar la grabación del elenco. Escúchala para conocer el estilo, no para calcarla.
  • No saber qué pasa antes de tu canción. Sin el contexto del personaje, todo lo demás pierde valor.
  • Bajarla de tono. Una canción bajada de tono le dice al jurado «no llego, no puedo». Salvo que tenga versiones oficiales en varios tonos, para eso eliges otra canción.
  • Dejarla para la semana del casting. El repertorio se prepara antes de que salga la convocatoria, no al revés.

Ninguno de los cuatro se arregla con más clases de canto.

¿Y todo esto lo hago solo?

Sé lo que estás pensando: «Muy bien, Dustin. ¿Y quién me dice si mi lectura es la buena?».

Lo ideal es un repertorista: alguien que suele dedicarse a la composición o a la dirección musical de teatro musical y que sabe de técnica vocal. Tu profesor de canto te enseña técnica; el de interpretación, a actuar. El repertorista es quien une las dos cosas. Eso no lo sustituye ninguna herramienta.

Pero hay algo que sí puedes hacer ahora. El Audition Book de CITEM es tu repertorio de audición —lo que en Latinoamérica llaman songbook y en España, carpeta de repertorio—, y dentro puedes abrir el análisis de una canción: la letra, el personaje y el subtexto, y qué le pasa al personaje en ese momento del musical. No es tu lectura —esa la haces tú—. Es con qué contrastarla. El análisis gasta créditos, y tu cuenta empieza con 50. Y la canción, ya trabajada, se queda en tu book, en la pestaña Principal y en la del casting al que la lleves. Abrir la cuenta es gratis.

Voy a cerrar con esto. Preparar así una canción no te garantiza el papel. Nada te lo garantiza. Lo que sí depende de ti es entrar en la sala sabiendo qué cuentas, desde dónde y por qué. Eso ya no es cantar bien una canción. Es contarla.